El local
De construcción sencilla y reciente, La Ardilla se abre al mundo tras sus grandes ventanales, desde los que el salón se inunda de luz natural, cielo azul y atmósfera clara. Desde el exterior podemos ver todo el local, que se muestra sin pudor, porque como su armoniosa y redondeada fachada ya anticipa lo que este lugar ofrece: una cocina luminosa donde la materia prima luce como protagonista. Y la amabilidad del servicio se hace notar desde la entrada, ya que La Ardilla recibe al visitante que se acerca por Alpedrete, al encontrarse en la primera rotonda al centro urbano.


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El salón
La materia prima del amplio salón es la madera, acogedora, cálida y hogareña, que recibe al comensal para que se sienta como en casa. La barra, protagonista de la mañana a la noche, comienza desde las 11:30 con los primeros cafés, desayunos y vermuts para terminar por la noche con las últimas copas.

Durante el día, la luz que entra por los ventanales ilumina el salón, dejando paso al atardecer a las velas y las cálidas luces que envuelven el espacio, volviéndose más intimo, ideal para compartir unos exquisitos platos en compañía.


El Jardín
Se ha convertido en el espacio preferido de los asiduos, que celebran poder disfrutar de este rincón también en los meses más fríos ya que la calefacción de paraguas, la cubierta y las mantas dispuestas en cada asiento seguirán haciendo de esta zona exterior un lugar confortable.

Las plantas, los árboles y la madera son los auténticos protagonistas del Jardín, tan amplia como el salón interior, que puede acoger a una treintena de comensales para que disfruten de intimidad en cada mesa y hacer propia cada zona.


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La cocina
Es el corazón de la casa, porque de ella salen los imaginativos platos que componen la carta. Por la mañana sus fogones se preparan para cocinar los desayunos, que ofrecen una amplia oferta y desde bien temprano comienza a confeccionarse lo que será el menú del día. Pasado el tiempo del almuerzo y la comida sus fuegos dejan paso a las preparaciones para componer una gran sinfonía gastronómica dispuesta a complacer a los que por la noche se acercan a disfrutar de la cocina de La Ardilla.
Así, se convierte en un espacio protagonista, presente en cada momento del día, y donde las materias primas dejan de ser alimentos únicos para convertirse en armoniosos platos en los que cada elemento sigue teniendo su personalidad, sin perder sus esencias, porque para cocinar con imaginación no hay que sacrificar las propiedades de cada materia.


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Desarrollo y diseños:  La Ardilla